Nuestros teléfonos no solo son ventanas abiertas en nuestras vidas, sino también en las vidas de nuestrxs amigxs, familias, compas...y cualquiera
de nuestrxs contactos. Quizás se piense que no hay nada para ocultar
pero no podemos asegurar lo mismo por todxs los contactos con lxs
que interactuamos por vía telefónica. Proteger la información de nuestro
teléfono es también proteger a nuestrxs amigxs.
Cuando hacemos una llamada telefónica o enviamos mensajes, se registran
al menos la ubicación geográfica de quien llama y quien contesta,
sus números de teléfono, la hora y duración de la comunicación y los números
de serie de los dispositivos utilizados. De igual manera pueden ser
capturados los datos de nuestras comunicaciones por medio de alguna
aplicación del smartphone. En un mismo aparato se vinculan los datos
del número telefónico, correo, contactos, actividad en redes sociales,
SMS, fotografías, archivos, datos de GPS y a veces la sincronización con
otros dispositivos.
Hay que tener en cuenta que los métodos de espionaje estatales-empresariales
se han perfeccionado y que nosotrxs participamos de manera
activa en la maquinaria de vigilancia. Esta maquinaria no descansa
y su funcionamiento es eficiente por definición. No es restrictiva sino
silenciosa, no es reactiva sino retroactiva, no es solo individual y dirigida,
sino también masiva.